He escogido un par de poesias del libro de la zona de
Summer si alli donde entre unos y otros no van a dejar nada de la cuna de la
civilizacion.
¿Porque eroticas? pues porque nada actual merece la
pena demasiado y un cambio es un cambio,
OTRO DIA OS PONDRE lO cASTELL D'EN fIGUERO.
Si me direis que la de Innana (Venus,Astarte, Isis,
etc) es larga pero es preciosa sobre todo impresa.
El
Me resulta tan divertido como sorprendente que el actor
que representara a El tuviese que mantener erguido el Pene en el escenario a
sabiendas de que se exponía al rechazo público. Ese rechazo Podría haber
resultado en siete años de sequía y hambruna. ¡A eso lo llamo yo
riesgo!
Este campo es el campo de los dioses,
el campo de Asherah y la
Niña.
Cocinan un cabrito en leche,
un choto en mantequilla.
El campo de
los dioses,
el campo de Asherah y Rahmai.
Si las mujeres exclaman: «¡Oh,
esposo, esposo!
Tu verga está arriada,
el bastón de tu mano ha
caído»,
mientras el ave se asa sobre el fuego,
sí, se tuesta sobre las
ascuas,
entonces las mujeres son las esposas de El,
las esposas de El y
suyas para siempre.
Pero si las mujeres exclaman: «¡Oh, padre, padre!
Tu
verga está arriada,
el bastón de tu mano ha caído»,
mientras el ave se asa
sobre el fuego,
sí, se tuesta sobre las ascuas,
entonces las mujeres son
las hijas de El,
las hijas de El y suyas para siempre.
«¡Oh, esposo,
esposo!
Tu verga está arriada,
el bastón de tu mano ha caído»,
mientras
el ave se asa sobre el fuego,
sí, se tuesta sobre las ascuas,
entonces las
mujeres son las esposas de El,
las esposas de El y suyas para siempre.
Él
se inclina, besa sus labios.
Ay, qué dulces son sus labios, dulces como granadas…
Del besar, hay
concepción;
del abrazar, fecundación.
Se ponen de parto y dan a luz al
Alba y al Ocaso.
A El le llevan la noticia:
«lías esposas de El han
parido».
"¿Qué es lo que han parido?
Mis hijos, Alba y Ocaso».
Un labio
hacia la tierra,
un labio hacia el firmamento,
para que entren en sus
bocas
los pájaros del cielo
y los peces de la mar.
Allí permanecerán
entre las piedras y los árboles
siete años enteros,
incluso ocho (años)
cíclicos,
hasta que los Dioses Buenos recorran el campo,
pisen incluso los
confines de la naturaleza.
Se encontraron con el Guardián de la Siembra
y
le gritaron al Guardián de la Siembra:
«¡Oh, Guardián, Guardián,
abre!».
Él les abrió un paso y así entraron.
«Si hay pan, danos para que
comamos.
Si hay vino, danos para que bebamos».
El despertar de Inanna
La sinceridad de Inanna a la hora de disfrutar del
deseo naciente y de su vulva fueron fuentes de inspiración definitivas Para la
escritura de este libro. Los sumeriólogos afirman que la palabra «vulva»,
utilizada otrora con toda libertad, tiene un valor positivo. Lamento la Pérdida
de respeto Por este término y su vulgaridad actual.
La virgen Inanna estuvo Presente en la inundación.
De aquel lugar salió
un árbol
y lo Plantó donde Pudiera cuidar de él,
y cuando creció, ella
esperó su recompensa
Porque aquel había sido un acto de adoración.
Sabía
que estaba destinada a ser reina del cielo.
Sabía que su cuerpo había
empezado a anhelar el amor
y mientras esperaba Preguntó:
¿Cuánto queda
para que me siente en un radiante trono?
¿Cuánto queda para que me pose sobre
un radiante lecho?
La diosa se deleitó en sí misma.
Recostada sobre un
manzano,
observaba su exquisita vulva.
Cautivada por su exquisita
vulva,
ella, la virgen, se deleitó en sí misma.
Sus compañeras se unieron
a ella
mientras se celebraba a sí misma.
Encontraré un novio,
bailemos,
bailemos.
Me deleitaré con mi exquisita vulva,
bailemos,
bailemos,
hasta que él se deleite con ella.
Mi vulva, el bendito
recipiente de la luna llena,
el hermoso cuerno de la luna nueva,
un campo sin cultivar que crece a placer, un prado de
pastoreo
alimentado por la lluvia, curvilíneo, cercado.
Para mí, fertiliza
mi vulva.
De la tierra virgen, ¿quién será el cultivador?
Para mi vulva,
húmeda y expectante,
¿quién traerá el toro?
Ara mi vulva, mi amado
elegido.
Mi vulva está húmeda.
Yo, la sagrada virgen Inanna, digo que mi
vulva está húmeda.
Que mi amado elegido pose la mano sobre mi vulva.
No
necesitas surcar un canal, yo seré tu canal.
No necesitas labrar un campo, yo
seré tu campo.
Granjero, no busques la tierra húmeda.
Mi dulce amor,
permíteme ser tu tierra húmeda.
Soy casta.
Mi desnudez es casta.
Es
apropiada para príncipes y dioses
que buscan reinos salvajes a los que
someter,
que buscan tierras para ampliar sus reinos.
Yo escojo a Dumuzi
como dios de mi tierra.
La madre de Inanna escuchó su canción de deseo,
su
hermano y su padre escucharon su canción de deseo,
y concertaron el
matrimonio de Inanna con Dumuzi.
Pero antes de que pudieran
anunciárselo,
Inanna se encontró con Dumuzi en la ciudad
y él la Persiguió
hasta la Puerta de su casa
mientras ella se dirigía a casa con sus
amigas.
Sin el permiso de mi madre
nos ha seguido
hasta la calle donde
vivo.
El joven semental
me ha perseguido hasta aquí.
Me has seguido sin
permiso.
Mi padre pronto será el tuyo.
Mi madre pronto será la tuya,
también.
Hablemos de ello.
Y tu padre pronto será el mío,
tu madre
también será la mía
¿Por qué no permites que te lo cuente todo?
La amigas
de Inanna rieron.
Se encuentran sumidas en una deliciosa discusión;
deliciosa para el alma
que desea discutir:
Con sus joyas, ¡Dumuzi
quiere plantar los cimientos de
una casa!
¡Ojalá sus pequeñas gemas ataviaran nuestros cuellos!
¡Ojalá su
grandes joyas se posaran sobre nuestros virginales pechos!
Inanna se asomó al
balcón.
Se estiró hacia donde él se encontraba
y le gritó a Dumuzi, el
toro salvaje:
¿Para quién construyes esa casa?
¿Con tus gemas?
La estoy
construyendo para la santificada,
para mi esposa, la única.
La estoy
construyendo para ella.
Inanna, la virgen sagrada, está enamorada.
Sólo
quiere volver a ver a Dumuzi.
Por ello, cuando ve a la hermana de él, le
habla,
y Geshtinanna le comunica el mensaje a su hermano.
Pasaba por
delante de la casa de Inanna
cuando ella me vio.
¿Qué me dijo, hermano
Dumuzi?
¿De qué habló?
Habló de su pasión, de tu poder de seducción, de su
éxtasis.
Me confió
que te había conocido, querido hermano,
me dijo que
se había enamorado de ti
y que se deleita con fantasías sobre ti.
Debo
acudir a ella, hermana,
debo acudir, grita Dumuzi.
Por favor dulce
hermana, déjame acudir a ella.
De alta cuna y buena educación,
he ocupado
mi tiempo desde ayer.
He intentado pasar el rato bailando,
cantando
alegres melodías del alba al ocaso.
¡Y aquí está el! ¡Aquí está él!
Mi
amado me toma de la mano.
Mi amado me envuelve en un abrazo.
¡Suelta mi mano, pastor! ¡Déjame ir!
Debo volver a casa.
¿O cómo se
lo explicaré a mi madre?
¿Cómo voy a engañarla?
Yo te enseñaré,
Inanna.
Yo te enseñaré la astucia de las vírgenes.
Di: Mi amiga y yo
íbamos al mercado.
Los músicos callejeros tocaban sus
instrumentos.
Bailamos juntos,
cantamos canciones tristes y
hermosas
cantamos canciones alegres y hermosas.
Cuéntale a tu madre una
mentira así
para que podamos estar juntos
bajo la luz de la luna.
Te
haré un lecho digno de tu príncipe.
Liberaré tus cabellos de sus
ataduras,
viviré extasiados momentos contigo,
placenteros y
armoniosos.
No soy una cualquiera de la calle, respondió Inanna.
Ni te
abrazaré ni yaceré contigo aquí.
Debo regresar a la casa de mi
madre.
Dumuzi no desea ofender a Inanna.
Accede a cortejarla
honrosamente.
Mi señor desea visitar a mi madre.
Estoy llena de
júbilo.
Me gustaría advertir a mi madre
para que pudiera aromatizar el
suelo de cedro.
Su casa está perfumada y desprende una dulce fragancia.
Lo
recibirá con alegría.
Pastor, te considero merecedor
del casto
abrazo.
Dumuzi, eres glorioso y respetable.
Todos tus dones son gloriosos
y fragantes.
En ese momento apareció el hermano de Inanna, Utu,
para
anunciar a su virgen hermana
que iban a prepararle el lecho
nupcial.
Hermana mía, un novio yacerá junto a ti entre las sábanas.
Junto
a ti se recostará el igual del dios del cielo.
Junto a ti se recostará el
hijo
de un seno sagrado.
Junto a ti se recostará un hombre
educado para ocupar un trono.
¿Será él el hombre de mi corazón?
Es el
hombre de mi corazón.
El hombre a quien mi corazón conoce.
No un granjero
que amontona ganancias,
sino un pastor que cría ovejas, saludables y
algodonosas.
El día de la boda, Utu acude a visitar a su hermana;
la novia
Inanna.
Hermana mía, ¿te has preparado para la boda?
Pequeña, ¿te has
preparado para la boda?
Me he lavado con agua,
he tersado mi piel con
jabón,
me he lavado con el agua
de un cántaro de cobre bruñido,
he
tersado mi piel con jabón
de un jarro de piedra pulida.
Me he
perfumado
con el aromático aceite de un jarro de piedra
y me he puesto la
túnica de la soberanía,
la túnica de la soberanía celestial.
He tersado mi
pelo,
que estaba enredado.
He dado forma a mis rizos,
que se habían
deshecho.
Los he cepillado
y he dejado que me cayeran
sobre los
hombros
y el cuello.
Con anillos de oro
he adornado mis dedos.
Con
preciosas cuentas
me he cubierto el cuello,
las he dispuesto con
cuidado
y las he atado
con un cordón dorado.
Su borla enjoyada me
cuelga de la espalda.
Inanna, he buscado un buen marido que complazca a tu
corazón.
Tu tierno corazón es al que he querido complacer.
Tu divina
patrona
te ha bendecido.
Floreces como la cosecha.
Eres luminosa como
la madre de miel dorada
Mi tierna niña, vales por cinco como yo.
Mi tierna niña, vales por diez
como yo.
La diosa te ha moldeado,
te hizo perfecta,
para que Dumuzi
desee acudir
junto a mi incomparable
y resplandeciente hermana.
Ve a
buscar al novio.
A su mansión.
Envía a un hombre
con una canción de
invitación.
Permite que empiece a escanciar vino para mi novio.
Así su
corazón tal vez se alegre.
Así su corazón tal vez se deleite.
¡Haz que
venga, haz que venga!
Hermana mía, permite que te guíe
a tu lecho
nupcial.
Que tu amante acuda a ti como el cordero a la oveja.
Oh, que
venga.
Hermana mía, deja que te guíe.
Los amigos del pastor son generosos
y prósperos.
Las celebraciones del novio son generosas.
Tu pastor los
encabeza.
El agricultor es el segundo.
El granjero, el tercero.
El
pescador, señor de los juncos,
el cuarto.
El cortejo nupcial deja a un
lado el trabajo
para celebrar las nupcias de Inanna.
Le llevan sus mejores
productos.
El pastor llega cargado
de ofrendas de cremosa
mantequilla.
Trae grandes recipientes de leche
y queso colgados del
cuello,
lleva con cuidado sabrosos baldes de leche
equilibrados sobre los
hombros.
Llama a la casa de Inanna.
Deprisa, abre la puerta, reina de mi
corazón.
Deprisa, abre la puerta.
La casta Inanna se detiene,
escucha
el consejo de su madre.
Eres su esposa, él es tu esposo.
Él es para ti, tú eres para
él.
Desde ahora, tu padre es un extraño.
Desde ahora, tu madre es una
extraña.
Honra a su madre como si fuera la tuya.
Honra a su padre como si
fuera el tuyo.
Dumuzi llama: ¡Abre la puerta, reina de mi
corazón!
Deprisa, abre la puerta ya.
Inanna, preparada como su madre le
había aconsejado,
lavada en agua fresca y bañada en aceites
aromáticos,
vestida con sus majestuosas ropas,
se coloca sus amuletos en
el pecho,
vuelve a ponerse el collar de lapislázuli,
permanece a la
espera
agarrada a su sello soberano.
Dumuzi golpea la puerta y
ella,
como el agua iluminada por la luna, fluye hacia él
desde su
casa.
Él la mira, se regocija con su visión.
La coge entre sus brazos y la
besa.
Dumuzi lleva a Inanna a la capilla
de su divino patrono.
Oh,
Inanna, te traigo a la capilla de mi dios,
y te sentarás en estado de gracia
en su trono.
Aunque la honró de esta forma,
Inanna se sentó bajo la tarima
y dijo:
Debes guiarme. Siempre he acatado las órdenes de mi madre.
Dumuzi
abraza con fuerza a Inanna.
No te convertiré en mi esclava.
Comerás en una
enorme mesa.
Ay, novia mía, no te contonearás para mí.
Ay, novia mía, no
tendrás que hilar el vellón para mí.
Inanna se da la vuelta y abraza a
Dumuzi.
Yo, la diosa luminosa, brillo como el oro en el cielo del
alba.
Dumuzi, mi pastor, yo, que soy divina,
brillo como el oro en el
cielo anochecido,
proyecto reflejos dorados para ti.
Dumuzi está
deslumbrado por Inanna y la elogia:
Sagrada reina de lo alto,
yo
saludo
a la celestial reina
Inanna.
Yo saludo
a la deslumbrante llama del
firmamento,
celestial brillo nocturno que ilumina como la luz del
día,
reina celestial.
Yo te saludo.
Santa e imponente reina,
pura
entre las puras,
que luces la corona de dos cuernos,
primera hija de la
divina luna,
Inanna, yo te saludo.
Su esplendor y su poder,
su alta
cuna,
su deslumbrante apariencia,
en el cielo del anochecer
como una
tea en llamas,
su ascensión en el cielo nocturno
como la luna,
en el
cielo del alba,
como el sol,
adorado por todo el mundo,
éstas son las
palabras de mi canción.
Dumuzi, debes jurarme que no tengo rival
que haya
besado tus labios
antes de despojarme
de mi espléndida túnica, fina
telaraña,
y de que descubra ante ti mi desnudez.
Amado mío, que me seduce
y me encanta,
una promesa te pido.
Oh, hermoso hombre,
posa tu mano
derecha
sobre mi vulva.
Acuna mi cabeza con tu mano izquierda
mientras
tu boca se acerca a la mía
y cierras tus labios sobre los míos.
Prométeme
lealtad.
Oh, floreciente mío,
¡cómo me complaces!
Mi jardín de manzanos
en flor,
¡cómo me complaces!
Mi columna inmaculada,
¡cómo me
complaces!
Mi columna de mármol tachonada de lapislázuli,
¡cómo me complaces!
Hombre de mi corazón, mi querido,
hagamos que tus
deliciosas dotes,
miel gloriosa,
sean aún más exquisitas.
Mi amado, mi
adalid,
que avanza hacia mí,
me bato en retirada
hacia mi lecho.
Te
espero
para que juegues tiernos juegos conmigo.
Mi amado,
cúbreme con
tu dulzura de miel.
En el rincón de miel dorada del aposento nupcial
nos
deleitaremos, una y otra vez,
con tu gloriosa miel.
Te espero
para
jugar tiernos juegos,
mi amado,
juegos que me bañen con tu dulzura de
miel.
Cuando me amaste por vez primera,
ojalá te hubiera dejado
jugar
dulces juegos conmigo.
Allí, donde pudiste verter
tu dulzura en
mí,
dulce miel,
vierte tu ternura
por favor, decántala allí para
mí
como cebada en una vasija.
Ay, deposítala allí para mí
como cebada
en una vasija.
Con fuerza, él floreció,
con fuerza, floreció y
floreció,
y regó mi campo de lechugas.
Desde la negrura fértil de su
hierba silvestre,
mi amado
regó la espiga de cebada en mi voluptuoso
surco.
Regó mi lechuga,
mi querido, manzano cargado de fruta,
¡regó mi
jardín!
Ay, amante mío, que de una sola vez
me llenaste con placer hasta el interior del ombligo.
Mi espesura,
melosas entrañas
fertilizaste, mi loma de lechuga.
Ay, mi amor de
espléndidos cabellos,
cautivador y robusto
como la palmera datilera,
mi
amante, que me besa el pecho para saludarme,
honrado en la asamblea
l…]
Eres la joya de mi corona,
el oro que luzco,
mi amuleto
labrado
por el ingenioso artesano.
Mi amada novia me ensalza sin
límite.
Su alabanza, azucarada como su vulva.
Su vulva, azucarada como su
alabanza.
Mi plumaje, como la fronda, él regará
y acariciará los polluelos
de su nido.
Mi criada ha cuidado mis plumas,
las ha peinado en una
elegante cresta,
las ha acicalado con cuidado
y está adornando mi pecho
con joyas.
Permite que él anide en mis pétalos,
deleitable
follaje.
Despertad a Dumuzi, preparadlo
para satisfacer su pasión.
Que
mis atractivos le resulten irresistibles,
que me hechice por siempre.
En
verdad eres nuestro señor,
forjado de plata engastada de lapislázuli.
En
verdad eres el agricultor que nos trae el grano.
Fruto de mis ojos, anhelo de
mi corazón,
que veas muchos amaneceres,
que tengas una larga vida

WADI RUMM EL DESIERTO DE JORDANIA